El viaje ya ha terminado y los que nos habéis seguido por la red poco sabéis de todo lo que nos ha ocurrido. Por eso, ante todo, pedir disculpas por este retraso, pero en este viaje la comunicación vía satélite fue limitada por razones obvias.
Hemos estructurado el viaje en tres partes, la razón? Realmente hemos vivido tres viajes: llegar a Mauritania, estar en Mauritania y regresar a casa.
Nueve personas, un objetivo, sobrevolar aproximadamente trescientos kilómetros de desierto por etapas en un globo de aire caliente. |
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Con estas premisas partimos el día dos de Noviembre.
La aventura comienza realmente a los treinta segundos de subir al camión.
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Entra aire por todos los sitios, si llueve te mojas, por la noche te congelas y tienes que comunicarte dando gritos. ¿Dónde vamos? Por suerte Rampi nos preparó una especie de baúl en la parte trasera de la cabina que también hacia la función de cama, que por derecho propio la bautizamos con el nombre de suite, y sin lugar a dudas, cuando el camión paraba sus motores, era el mejor sitio donde uno podía descansar. |
Veinte horas después de salir de Igualada, llegábamos a Algeciras, un buen ritmo verdad.
Billetes para el ferry, subir al barco, un pitín con un cortado, una siesta y llegamos a Tánger.
Mis ojos nunca habían estado en África y no querían perder detalle. Todo ocurría como debía de ocurrir, despacio, pero algo pasaba. |
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En la aduana los funcionarios se pasaban la pelota unos a otros y así un buen rato, al final dimos con el peor y nada, nos insinúa y más tarde nos confirma que hasta el día siguiente no hay nada que hacer, el globo suponía un problema. Garaje en la zona portuaria para los vehículos y también para nosotros. En este punto comienza a suceder lo que sería la tónica de toda la expedición, después del bajón llegó el subidón, entre todos nos consolábamos y proponíamos alternativas para el día siguiente sentados en la terraza de un bar cutre, picando unos boquerones en salsa.
Madrugón y a funcionar. Conversaciones con los funcionarios, llamadas de teléfono a Barcelona, Casablanca, incluso Madrid. Cada llamada suponía un bajón o un subidón, y por fin llamada desde la delegación de la Generalitat de Catalunya en Casablanca al jefe de aduanas y en dos minutos ya teníamos el permiso para cruzar la frontera. Tres en el camión y dos en el coche, cada dos horas cambio de conductor, veinticuatro horas, Había que llegar a Nouakchott el sábado ocho.
Mis ojos por fin descubrieron Tánger, sus calles y su caos, luego carretera y la gente haciendo vida social en las cunetas. Autopista, Rabat, Casablanca, Marrakech, peor carretera, Agadir, Tiznit, el coche iba de coña, el camión se portaba bien.
El amanecer, desayuno, más carretera, un poco de fruta, más y cada vez peor carretera, Laayoune. |
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A partir de aquí y hasta Dakhla la carretera sigue la linea de costa salvaje y desértica salpicada por barcos embarrancados que le dan un aspecto algo tétrico. |
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Derrotados buscamos un albergue, mis ojos veían un cinco estrellas, una ducha, subidón, ya estábamos como nuevos, para más coña nos confundieron como miembros de un rally que acampaba en el albergue y como Fernando les había confirmado que pertenecíamos a un equipo, no nos cobraron. Cena caliente y más carretera y por fin frontera Marruecos-Mauritania . Nervios por si nos impedían el paso. Tampoco había cobertura por lo que ante cualquier problema el móvil no servia para nada. Un par de horas unos cuantos euros y cruzamos, pasamos del asfalto a la arena, de 70 kms/h de media a 20 kms/h, pero a eso íbamos ¿no?.
Cuarenta kilómetros separan la frontera con Nouadhibou, la segunda ciudad más importante de Mauritania, en tiempo dos horas. Llegamos a las ocho de la tarde, buscamos un albergue, nos duchamos, una cena caliente y pa la cama.
AM. Salimos de Nouadhibou con tiempo para llegar a la capital, cuatrocientos kms por delante, dos días de ruta. No hay carretera, sólo arena, dunas, piedras, arena...
GPS activo, seguíamos unos puntos que Ángel había conseguido de un amigo que ya había hecho la ruta, así todo, nos desviamos diez kms al este durante un buen rato, hasta que volvimos a situarnos. Puesta de Sol. Parada, fotos, pitín. Entra la noche y llegamos a una pequeña aldea.
Aquí comienza el Parque Nacional Du Banc D´Arguin, paramos sin apagar los motores para decidir entre seguir o acampar pero en ese momento el camión también habló, se paró. ¡el gasoil! Habíamos agotado el depósito.
Bajón, hay que purgar y todas esas cosas que saben hacer los que entienden. Entre que nos poníamos y no aparece un tipo que medio en francés medio en señas nos pregunta y se ofrece a solucionarnos el problema.
Dos horas estuvo el hombre tragando gasolina, sudando, pa´qui pa´ya, por fin arranca el camión. Un manguito mal sujeto había sido la causa. |
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Sábado a.m., 150 kms por delante, justos para llegar. Recogemos el campamento, todo a punto pero... el camión no arranca. Otro intento pero nada. Alguna miradita, algún cagamento...
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Fuimos en busca de nuestro mecánico, lo sacamos de la cama y sin abrir apenas los ojos ya estaba manos la obra, dos horas y la misma causa, el manguito. Besos, abrazos, y hasta luego Lucas que hay prisa. Una idea clara, a partir de ahora hasta Nouakchott el camión siempre encendido.
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Arena, tierra, alguna enganchada, y llegamos a una aldea de pescadores Senegaleses, donde solamente es posible continuar el viaje cuando baja la marea. Esperamos media hora a que comenzase la bajamar y rumbo a la capi.
Esta parte de la ruta es impresionante, el mar a tu lado y las dunas al otro, a veces enormes piedras que hay que sortear por donde se pueda. |
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El mar sigue impasible su curso y sin darnos cuenta comienza a subir. Parada, unas fotos y ¡coño! esto ya está subiendo y aún nos quedaban cincuenta kms de playa. Igual no nos da tiempo. Ángel comunica al coche que eche un vistazo en una zona que había unos barcos de pesca, y que pregunten si hay otro paso o que nos aconsejan. Por si acaso el camión sigue a toda máquina. De repente, - dar la vuelta, hay un paso interior que también nos lleva a Nouakchott. Inmediatamente Héctor da la vuelta pero, se le cala el camión, casi lo mato, tensión, giro de llave, y el ruido celestial del camión vuelve a escucharse. El camino era malísimo pero al menos ya estábamos a salvo de la mar.
Parece increíble que en la época actual la principal vía de comunicación entre las dos ciudades más importantes de un país sea un tramo de 400 km de playa tan solo transitable cada 8 horas cuando el mar se retira en marea baja. Aquí aún manda la Naturaleza a la tecnología.
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16:00 horas del Sábado, cuarenta kms de la capital. Seguramente el resto de la expedición ya había llegado. Dos horas después entrábamos en Nouakchott, directamente al aeropuerto, teníamos ganas de encontrarnos con el resto del grupo, 19:00 horas, el claxon a tope, risas, abrazos. Comenzaba sin darnos cuenta la expedición Turpial-Sahara. Comenzaba otro viaje.
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El aeropuerto de Nouakchott no es demasiado grande, pero sí lo suficiente como para no encontrar la terminal rápidamente, preguntamos y las respuestas no son muy clarificadoras, finalmente es el instinto el que nos lleva hasta el resto de nuestros compañeros, quienes impacientes, llevan un buen rato esperando. Abrazos y primeros comentarios eufóricos del viaje, y no es para menos, los vehículos han soportado las duras condiciones a qué los hemos sometido, la moral es excelente por las posibilidades de volar que hemos ido observando y la meteo favorable hemos encontrado.
Sábado atardeciendo, decidimos buscar un lugar para cenar, charlar y sobretodo organizar las primeras tareas del viaje. El propietario del bar nos ofrece una sala para dormir, primeras muestras de la gran hospitalidad mauritana.
Domingo por la mañana, desayuno y breafing. Dejamos los vehículos listos, cambio de moneda en el mercado negro, compras de comida, i algún que otro buen corte de pelo a la navaja mauritana.
Los breafings serán una constante del viaje, cada noche o en cualquier momento del día de forma improvisada, nos servirán para designar las tareas diarias, escuchar sugerencias y sobretodo tomar decisiones, votando las diferentes propuestas, que día a día marcarán el rumbo de la expedición.
Finalmente nos ponemos en marcha camino de Atar, al NE de la capital Nouakchott, unos 400 km. de carretera asfaltada por delante aunque con la incerteza de cual será el estado de la calzada después de las inusuales lluvias que ha sufrido el país semanas atrás. La conducción es ininterrumpida, tan solo paramos en los controles de policía, que son constantes y en las gasolineras para repostar.
El día se nos ha hecho corto y acampamos poco antes de llegar a Atar, donde Joan y Germán nos cocinarán los peores macarrones que recuerdo y que nos harán recordar con nostalgia los fantásticos menús del Munich.
Por suerte este aspecto mejorará considerablemente a lo largo de la expedición en una especie de “pique” de los turnos de intendencia por mejorar al anterior.
La moral está muy alta y todo queda en unas risas. La ruta no ha sido tan mala, excepto por un duro puerto de montaña que el camión tiene que subir empleando la reductora en el asfalto!! |
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Lunes día 10, tras dejar atrás el asfalto para las siguientes dos semanas, pasamos de camino a visitar unas pinturas rupestres que dan fé de que este paisaje tan inhóspito quizás no lo había sido tanto en otras etapas de la historia.
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Llegamos finalmente a Chinguetti con todo el día por delante, podemos visitar el pueblo, situado en un pequeño oasis envuelto de dunas, casas de adobe, palmeras, mezquitas, una biblioteca con libros manuscritos árabes del s. XI, ... un pueblo encantador.
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Decidimos montar el campamento unos kilómetros alejados del pueblo y preparar los dos globos para a la mañana siguiente realizar el primer vuelo “corto” que nos permita tantear los vientos y el material.
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| Nos vamos a dormir pero ... la calma de la noche , el resplandor de la luna llena, la perfecta cúpula de estrellas ... hacen que algún descerebrado salga del saco de dormir y vaya uno por uno proponiendo interrumpir el sueño y cambiarlo por otro tipo de sueño hecho realidad: “¿vamos a hacer un vuelo nocturno?"!!!
Conseguimos hacer dos pequeños saltos (con el globo pequeño; vela 77 donación de Faust y barquilla desmontable de Ultramàgic), pero nada más despegar nos damos cuenta de que la calma era solo a ras de suelo. Aún así resulta una experiencia intensa, una buena descarga de adrenalina y un mayor subidón de ánimos si cabe.
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Madrugamos, a las 5:30 el sonido de l'harmónica “tocada” por Àngel nos levanta del saco con la ilusión de, por fin, contemplar las dunas y la gran planicie desde el globos. Todos vamos a volar menos Joan y Germán que se encargarán de los rescates con el camión y el pick-up.
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Unos problemas gastrointestinales, debidos seguramente a haber bebido agua de donde no debía, motiva algún cambio; en el globo pequeño volará Fernando y Àngel Puig mientras que en el grande irá Bernardo, Manel, Juanjo que intentará saltar en paracaidas, Àngel y yo, Héctor, que de piloto del globo pequeño pasaré a tripulante convaleciente del grande.
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El globo grande (vela 210 Petromiralles y barquilla de 1 x 1.20) hinchamos sin problemas, pero una vez en pie empieza a soplar y el despegue es un poco movido.
Ya en vuelo nos damos cuenta de que los instrumentos se han quedado en tierra, solo disponemos de un GPS, pero este hecho pierde importancia frente a la emoción del primer vuelo sobre el desierto. |
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La velocidad es de unos 35 km/h y el aterrizaje promete ser “divertido”, pasamos las primeras dunas y decidimos no adentrarnos más en la zona inaccesible. “Todos a sus puestos”, listos para el impacto, Bernardo controlando el GPS, Manel a la cuerda roja, Àngel al quemador ... Finalmente aterrizamos sobre una duna arrastrando unos metros, todos estamos enteros en un paquete de carne dentro de la barquilla.
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Llega el rescate, es el pick-up con Joan y Àngel P. En seguida vemos que el globo pequeño no ha podido despegar. Joan nos explica, muy sutilmente, que en el intento de despegue, el globo ha sufrido un incendio.
No es necesario que nos especifique la gravedad del mismo ya que su cara lo delata. Los daños harán definitivamente inoperativa la vela para el resto del viaje.
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Nos reencontramos con Germán y Fernando en el punto de despegue, la alegría por el primer vuelo predomina sobre la pérdida de la vela. Hemos de continuar trabajando y ahora toca carga de gas.
En Chinguetti solo encontramos butano en botellas domésticas, el trasvase es lentísimo y desesperante debido a un limitador en la válvula de salida y al asfixiante calor. Ocho horas más tarde conseguimos cargar las tres botellas de 30 kg. que hemos gastado en los dos vuelos. |
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De nuevo nos ponemos en marcha, esta vez rumbo a Ouadane al NE de Chingetti.
Esta zona creemos será la idónea para iniciar nuestro vuelo de travesía de esos 300 km de dunas inaccesibles para nuestros vehículos siguiendo los vientos de NNE predominantes según nuestras previsiones.
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El trayecto hasta Ouadane es más rápido de lo que esperábamos y nos da tiempo a improvisar otro partidillo de fútbol con los chicos del pueblo. Jugamos con la ventaja de que ellos se encuentran bastante debilitados debido al estricto seguimiento de las normas de ayunas del Ramadán.
La fuerza del viento es considerable, y todo hace pensar que se podrá volar, así que decidimos pasar la noche en un camping, podremos ducharnos!!.
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Martes día 12, como creíamos ... hay viento. Tenemos tiempo de visitar Ouadane, un pueblo con un pasado esplendoroso como centro del comercio entre las caravanas que cruzaban toda esta parte del Sahara.
En la actualidad es tan solo un pueblo lleno de las ruinas de la gran ciudad que fue. |
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Conocemos aquí a una chica americana perteneciente a un programa de cooperación en temas de educación y aprovechamos para entregarle buena parte del material escolar, ropa infantil, etc. Que llevabamos para este fin.
Sus muestras de gratitud y también las de la propia gente del pueblo nos emocionan. |
Salimos de Ouadane para buscar el lugar idóneo para montar campamento y despegue del vuelo de travesía.
El lugar escogido es espectacular, entre dunas y cerca de unos palmerales.
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Es en estos lugares donde encontramos más signos de vida en cuanto a pequeños animales, pero esta vez nos da un buen susto una serpiente que a punto está Joan de pisar cuando se disponía a montar su vivac y que más tarde sabremos que se trata de una especie muy venenosa. |
El miércoles nos levantamos con viento pero esta vez mucho más fuerte y acompañado de arena, que incluso cambiará el paisaje durante unas largas horas.
Decidimos esperar hasta el jueves en el mismo sitio y aprovechamos para hacer pequeñas excursiones fotográficas al oasis o para conocer a una familia vecina de pastores que viven en una haima, cercana al oasis. El día pasa esperando que el jueves sea un buen día para volar. |
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A media noche el viento se refuerza de nuevo y cubre de arena a los que estaban haciendo vivac. Nueva decepción y en un breafing por la mañana decidimos abandonar el oasis y dirigirnos hacia Tidjikja, pues no vemos muy claro que el harmattan, este viento con arena que proviene de las zonas más áridas del interior, quiera parar. |
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La ruta a Tidjikja es difícil y requiere de navegación con GPS pues no hay pista marcada pero al mismo tiempo pasa por lugares insólitos y espectaculares.
Tomamos esta decisión pensando que desde cualquier punto de esta ruta podemos intentar también la travesía en globo o que en el peor de los casos aunque no se pueda volar, el trayecto por tierra valdrá más la pena que estar esperando días y días en el oasis.
Así que desmontamos el campamento y nos dirigimos a Atar para abastecernos de combustible, agua y comida para varios días de ruta. |
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Partimos adentrándonos en una difícil zona de dunas, en la cual los vehículos constantemente quedaban atrapados en la arena, y nos cae la noche. |
Después de intentar desesperadamente continuar en la oscuridad creemos que es mejor esperar a la mañana siguiente para continuar con luz de día.
Así pues montamos el campamento y los encargados de intendencia nos preparan un guisado de camello muy gustoso pero totalmente in masticable... la intención es lo que cuenta.
Sábado día 15 sigue el maldito viento, continuamos la ruta a Tidjikja pasando por un cráter producido por un meteorito y por zonas rocosas y arenosas. Según hemos leído y podemos observar esta fue una de las zonas más afectadas por grandes meteoritos del planeta. La ruta cada vez se endurece más pero el camión nos demuestra que es en estos terrenos rocosos donde mejor se desenvuelve.
Al atardecer llegamos a las haimas de una familia nómada de pastores en unas condiciones de extrema pobreza que nos acogerán con gran amabilidad y generosidad, hasta el punto de cedernos su haïma para dormir más cómodos e incluso llegaron a ofrecernos matar alguna de les pocas gallinas o cabras que tenían, manteniendo la costumbre de hospitalidad de todo este país.
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Domingo dudamos, hay algo de viento, 8-12 km/h y parece quiere aumentar. Estamos muy indecisos pero finalmente lo intentamos, a medida que preparamos el globo el viento va en aumento.
El hinchado se va complicando por momentos y el quemador no soporta las tensiones, junto con esta barquilla tan pesada (13 botellas alrededor de los 4 laterales exteriores).El chasis del quemador se rompe por varios sitios y la vela se rompe a la altura de los ventiles al engancharse en una piedra. En pocos minutos pasamos de la euforia a la decepción.
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El roto de la vela es importante.
Veo que las mujeres de la haïma miran curiosas el globo y todo lo que ha pasado.
Una sencilla insinuación de gestos y enseguida se ponen manos a la obra para buscar los útiles necesarios y se ponen a coser la vela con gran interés. |
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El optimismo y la admiración por esta gente vuelve al grupo. Cada una de estas situaciones es una lección de humildad de la cual tomamos buena nota y que de bien seguro nos marcará a la vuelta a nuestra “super-desarrollada sociedad”.
Las dificultades en la ruta y en el vuelo hacen aparecer las primeras discrepancias en el grupo y las opiniones empiezan a ser más dispares, con lo cual nos replanteamos si continuar hasta Titjikja. Así, a la vista de que los días disponibles iban disminuyendo y a la espera de que el Harmattann disminuyera aún un poco más, decidimos ir volviendo hacia Atar por otra ruta para intentar por lo menos asegurar algunos vuelos más cortos y que todos tuviéramos la posibilidad de volar y satisfacer más si cabe nuestras expectativas de viaje.
A mediodía una sorpresa: hay calma, el viento a parado! Decidimos acampar ahí mismo para intentar un vuelo a la mañana siguiente. Si aquí por fin no hay viento: quietos !! no nos movamos hasta poder volar !!. De nuevo el ya aprendido ritual de preparación del globo al atardecer, de nuevo con las 13 botellas, agua, sacos, etc. para intentar la travesía, con el mismo entusiasmo, aunque ya no con las mismas expectativas del principio.
Lunes, un día más nos levantamos con viento, dudamos, pero esta vez no queremos forzar el globo y no lo intentamos. Supone un nuevo bajón pero preferimos conservar el poco material que nos queda entero. De nuevo en ruta.
La nueva zona de vuelo escogida será a la altura de Akjoujt, con una serie de cordones de dunas de unos 10 km de ancho por unos 200 km de largo, paralelos a la carretera. Fiándonos de nuestras lecturas de vientos 220º - 260º montamos de nuevo campamento en una de estas franjas de dunas a unos 20 km de Akjoujt. A diferencia de las anteriores ocasiones decidimos no montar el globo hasta por la mañana, síntoma inequívoco de moral baja.

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Martes, despertemos sin viento!!! Después de haberlo hecho ya tantas veces, preparamos el globo en un tiempo récord y despegamos. |
Germán al quemador, yo Héctor haré de navegante, Joan hará las fotografías desde la barquilla y Àngel intentará la filmación colgado de la cuerda de corona unos 8 metros fuera de la barquilla.
Intentamos mantener rumbo al mar de dunas pero el viento va rolando al oeste llevándonos a una gran planicie no menos espectacular.
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A lo lejos adivinamos un campamento nómada y nos lo marcamos como diana.
Pasamos por encima de varias familias de pastores con sus rebaños de dromedarios y cabras.
Si ellos alucinan... nosotros aún más. |
El viento sigue rolando y nos deriva hacia unas montañas que combinan roca negra con arena ofreciéndonos un paisaje lunar espectacular.
El viento sigue aumentando de fuerza y decidimos, después de 2 horas y media de intenso vuelo aterrizar en una zona llana pero sembrada de rocas. Aterrizaje duro pero bien controlado, tras el arrastre de unos 100 m sobre piedras, unos segundos de silencio...

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-"¿estáis bien?"
y a partir de ahí risas y euforia.
El arrastre tan solo ha destrozado las fundas protectoras de 2 de las botellas, por lo demás muy divertido y emocionante. |
La primera idea era pasar una noche sin los rescates y reprender el vuelo desde el mismo sitio a la mañana siguiente pero cambiamos de idea en vista que con el rumbo que llevábamos ni nos metíamos en la zona de dunas ni quedábamos tan inaccesibles del rescate como se había previsto, así que tampoco creímos oportuno forzar una situación de aislamiento artificial.
Llamamos a los rescates por el teléfono satélite para reorganizar la situación y movernos hacia una zona mejor orientada para intentar un nuevo vuelo a la mañana siguiente.
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Esto significaba la renuncia definitiva al vuelo de travesía ya que solo quedaban 4 días para el final del viaje de los que marchaban en avión, pero por otra parte ofrecía la posibilidad de disfrutar de un vuelo de un día a otros miembros del grupo.

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Aunque llegado este punto del viaje cada vez era más complicado conseguir una unanimidad de opiniones ésta fue la opción más votada y a por ella fuimos.
De nuevo ruta, localización, campamento y preparar el globo para la mañana siguiente. |
Miércoles día 19, el viento nos putea de nuevo, de nuevo ese vientecillo justo que nos hace dudar y que tantos despegues nos ha hecho abortar y que tanto material nos ha destrozado. De todas maneras decidimos intentarlo. Luchamos contra la vela que no se deja acabar de levantar, la baja potencia del butano, las dimensiones de la barquilla, de la vela,... o yo qué se..., provocan un nuevo despegue abortado. Una voz sensata enfría los ánimos de un segundo intento a la desesperada que podría haber acabado con nuevos destrozos de material. Nos vamos dando cuenta de que es quizás esta continua necesidad de toma de decisiones importantes lo que puede haber ido cargando los ánimos... pero la realidad es que estamos en un lugar incierto e imprevisible, estamos en África y jugando con un aparato incierto e imprevisible, con un globo aerostático...
Paciencia. Aprovechamos para cargar gas, de nuevo un suplicio: 5 horas para llenar 2 botellas de 30 kg. e intentamos hacer todos los inventos posibles para mejorar la potencia del quemador: nitrógeno, cambios de chiclés, etc.
Jueves, de nuevo buenas condiciones, el globo está listo, quizás demasiado rápido pero mejor así. Despegamos de noche y no es hasta al cabo de media hora que empieza a clarear: la salida del Sol desde el aire y con un mar de dunas a los pies es un espectáculo increíble. La tripulación y funciones son los mismos con el refuerzo de Fernando.
Esta vez los vientos nos permiten jugar entrando unos 20 km hacia el interior del desierto y volviendo a salir un par de horas después hasta una zona de rescate relativamente accesible a los vehículos. Este si ha sido un vuelo completo en cuanto a dunas aunque lejos de nuestra primera idea de la travesía de tres días dentro de ellas.
Tan solo queda un día para intentar un vuelo controlado y conseguir así que todos los miembros de la expedición hayan disfrutado del vuelo sobre el desierto. Nos desplazamos sobre el mismo cordón de dunas en dirección a Nouakchot. |
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Viernes y afortunadamente viento flojo. Esta vez le toca a Manel, Bernardo, Ángel Puig, Fernando, Juanjo que intentará de nuevo el salto y Ángel Aguirre para filmar el salto desde fuera.
Despegue sin problemas, conseguimos altura (1.500 m) y finalmente el salto en caída libre sobre el desierto.
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Un gran espectáculo tanto para los que se quedan en el globo como para Juanjo al saltar y también en la aproximación y aterrizaje entre dunas.
También hoy hay juego para salir fácilmente de las dunas a una zona accesible con un poco de pericia en el pilotaje. |
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De nuevo un aterrizaje “durillo” pero sin mayores consecuencias que unas risas.
Todos sentimos, en mayor o menor medida satisfechas las expectativas del viaje y a estas alturas lo que más nos apetece es una buena ducha y una buena comilona de celebración.
Un camping en la playa nos permitirá incluso el capricho final de un baño en el océano Atlántico, todo un gustazo después de 3 semanas de comer arena y limpiarnos con toallitas de bebé.
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El sábado nos despedimos, unos cogerán el avión a casa y otros empezaremos el largo viaje de regreso por tierra.
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Sábado 22 por la mañana. Nos despedimos de los 4 miembros de la expedición que regresan con avión. Aquí empezaba otro viaje lleno de sorpresas, aventuras, problemas, horas y horas de conducir,... el viaje de vuelta.
Nos disponíamos a partir hacia Nouadhibu cuando tuvimos el primer susto al desmayarse uno de los 5 restantes, debido a un pequeño accidente. No fue nada.
En medio de la nada, entre Nuakchott y Nouadhibu, se rompió una ballesta del Mazda.
Un guía local que recogimos de casualidad, nos enseñó a apañar la ballesta, lo justo para llegar a Nouadhibu y una vez allí, arreglarla. El apaño consistía en un tensor que no dejaba separar las dos partes rotas, y despacio. |
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Llegamos a Noua. la noche del 23. A la mañana siguiente llevamos el coche al mecánico y decepción del grupo al decirnos que no habían ballestas para el Mazda, ya que en Mauritania, no corren coches de esa marca. Solución: soldar la ballesta que pronto nos dimos cuenta de que fue un error. Mientras buscábamos la pieza, nos robaron una riñonera del Mazda que contenía dinero, el pasaporte y una cámara de fotos. Solucionamos el problema del pasaporte el mismo día, no sin antes pelearnos con la policía y algún funcionario. Subidón del grupo ya que por fin, nos íbamos de Nouad. Pero poco nos iba a durar la alegría ya que al primer bache la ballesta se rompió del mismo sitio. Vinieron varios mecánicos que no solucionaron nada y decidimos perfeccionar el apaño e intentar llegar donde pudiéramos y resulta que al final llegamos hasta Barcelona con él. Partimos tocados de Nouad. el 24 por la noche hacia la frontera y nos perdimos cerca de una zona minada. Decidimos parar hasta la mañana siguiente en la que todo fue mas fácil y no tuvimos ningún problema en cruzar la frontera.
Conduciendo sin parar, llegamos cerca de Rabat el 26 por la noche cuando de pronto se nos incendió el camión. El freno de mano se había bloqueado. Casi nos da un infarto del susto. A la mañana siguiente llamamos al seguro y no sin problemas con las grúas(llegaron a venir cinco grúas por malentendidos) y el seguro, un mecánico de Rabat nos terminaba de arreglar el camión el 27 por la tarde.
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Conduciendo sin parar, llegamos cerca de Rabat el 26 por la noche cuando de pronto se nos incendió el camión. El freno de mano se había bloqueado. Casi nos da un infarto del susto. A la mañana siguiente llamamos al seguro y no sin problemas con las grúas (llegaron a venir cinco grúas por malentendidos) y el seguro, un mecánico de Rabat nos terminaba de arreglar el camión el 27 por la tarde. |
Con prisas y a lo loco llegamos al puerto de Tanger para coger justo el último ferry. Tuvimos un pequeño problema con los tickets que al final se resolvió. Por fin en España. El camino de Algeciras a Madrid y de Madrid a Barcelona, fue un camino de rosas. El único percance, el cansancio acumulado. Llegamos a Barcelona el 29 por la mañana.
Para los 5 miembros, el viaje de vuelta será inolvidable ya que todos compartimos la rueda: primero decepción, avería, problema; después nos partíamos de risa con lo ocurrido y luego subidón, solución, arreglo. El grupo sabía que esto era normal y más estando en África. Se guardó la compostura siempre y el objetivo era llegar cruzando la pista americana en grupo y todos a la de una. Una vez en casa, tenemos algo de que reírnos toda la vida.
Y así termina esta nueva aventura Turpial, y como siempre lo más importante... estos nueve viajes distintos que nos llevamos cada uno de los nueve miembros en nuestro interior, como vivencia propia que no somos capaces de explicar por mucho que escribamos o que hagamos fotografías. Es la grandeza del viajar.
Y en la euforia del regreso ya van surgiendo nuevas ideas, nuevos destinos para que el Turpial no deje nunca de volar... |
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